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PEDRO ELADIO PEREIRA – BREVE AUTOBIOGRAFÍA,Cuarenta y siete años como abogado



Por la premura del tiempo, no nos fue posible marcar una entrevista con el abogado Pedro Eladio Pereira, uno de los pioneros en la profesión en esta zona del país, por lo que le pedimos que él mismo relatara sus vivencias. Lo hizo del siguiente modo:

“…nos reunimos a estudiar intensamente en casa durante casi tres meses, haciéndolo por las noches bajo un frondoso juasy’y, alumbrados por una “moderna” lámpara “petromax”, a kerosén, de aquellas que utilizaban una camisa incandescente

Grupo Scoout N° 1o ” NIÑO JESUS DE PRAGA

“Grandes juristas fueron mis profesores, como Luís Patricio Frescura y Candia, César Garay, Hipólito Sánchez-Quell, Víctor B. Riquelme, Justo Pucheta Ortega, Alfonso Capurro, Alejandro Encina Marín, Salvador Villagra Maffiodo, Óscar Paciello y tantos otros, de quienes guardo un recuerdo cariñoso”.


Con motivo del Día del Abogado, “Digital hizo historia” me pidió elaborar una suerte de autobiografía en mi carácter de abogado ejerciente de la profesión en el Alto Paraná. “Menuda tarea”, pensé, porque escribir sobre uno mismo exige mantener un difícil equilibrio entre el autobombo y la falsa modestia. Veremos si puedo lograrlo.

Nací en Asunción, un 19 de octubre de 1946, lo que significa que en poco tiempo más, si Dios lo permite, celebraré mis Bodas de Diamante con la vida. Nací en un hogar de muy modestos recursos, y fui el primogénito de Don Leonor Pereira y Doña Tranquilina Rejálaga, ambos ya en la Gloria del Señor. Puedo decir que, a pesar de que no nací precisamente en cuna de oro, tuve una infancia feliz. Las primeras letras las aprendí en la Escuela Graduada N° 202, “Juan de Salazar y Espinoza” de mi querido barrio Tembetary, donde estuve hasta el tercer grado. Cuarto y quinto me tocó cursar en la Escuela Graduada N° 207, “Dr. Blas Garay”, del barrio Hipódromo, y por último, el sexto grado en el Colegio “Sagrado Corazón de Jesús” (Salesianito), sito en Manuel Domínguez y Capitán Figari de Asunción.

Los estudios secundarios los realicé en el Colegio Nacional de la Capital, de donde egresé como Bachiller en Ciencias y Letras, promoción 1964. De pequeño me preguntaban si qué carrera me gustaría seguir, y yo respondía que sería médico, ilusión que se desvaneció cuando ya estaba por el quinto curso del bachillerato, pues mis padres no podrían solventar mis estudios en esa carrera. La segunda opción era Derecho, que permitía trabajar y estudiar, porque las clases se desarrollaban en horario nocturno. Y bien, con David Delgadillo y Arsenio Sarabia, mis condiscípulos del Colegio Nacional de la Capital, nos reunimos a estudiar intensamente en casa durante casi tres meses, haciéndolo por las noches bajo un frondoso juasy’y, alumbrados por una “moderna” lámpara “petromax”, a kerosén, de aquellas que utilizaban una camisa incandescente, porque no contábamos con el servicio de provisión de energía eléctrica. Los tres estuvimos entre los 130 ingresantes, de más o menos 450 postulantes, iniciando la carrera en 1965. Grandes juristas fueron mis profesores, como Luís Patricio Frescura y Candia, César Garay, Hipólito Sánchez-Quell, Víctor B. Riquelme, Justo Pucheta Ortega, Alfonso Capurro, Alejandro Encina Marín, Salvador Villagra Maffiodo, Óscar Paciello y tantos otros, de quienes guardo un recuerdo cariñoso.

Pedro Eladio Pereira,con parte de su numerosa prole

La mayoría de mis compañeros egresaron entre 1970 y 1971, pero cuando me faltaban dos materias para pasar al cuarto, yo sufrí un tropezón que me dificultó proseguir con normalidad. Contraje matrimonio con Heriberta Leiva y muy pronto vino mi primer hijo, Jorge Gabriel, seguido, antes de dos años, por Rolando Alberto, lo que me exigió redoblar esfuerzos para llevar el sustento a la casa, pues mi salario de la Armada Nacional ya no era suficiente. Por ello, acepté un puesto de dactilógrafo componedor en el diario “ABC Color”, que inauguró en nuestro medio el sistema “offset” de impresión, reemplazando a las viejas linotipos. El diario utilizaba máquinas de escribir eléctricas que en realidad eran rudimentarias computadoras, que extendían y comprimían los espacios para justificar el margen derecho de cada columna. Mi turno era de 18.00 a 01.00 del día siguiente, lo que me impedía asistir a las clases de la Facultad. Éramos tres dactilógrafos por turno en la sección “Composición”, que tuve que abandonar al cabo de casi dos años, para proseguir mis estudios. Con Aurelio Servín Ramírez, amigo y vecino, además compañero rezagado de la promoción de ingresantes de 1965, nos prometimos estudiar hasta concluir la carrera, y así lo hicimos, graduándonos ambos ya con la Promoción 1974. Tres años después nació mi tercer hijo, Ángel Arturo.

En 1984 se habilitó en Ciudad del Este la VI Circunscripción Judicial de Alto Paraná y Canindeyú, y con otro compañero que había ingresado en 1965 pero que egresó en 1983, decidimos migrar a esta ciudad, instalándonos en una oficina alquilada en Avda. Gral. Garay N° 772, frente al local de los tribunales, hoy sede de las carreras de Notariado y Ciencias Políticas de la UNE. Recuerdo con mucho afecto a ese compañero, que hoy ya no está entre nosotros, y a quien rindo un homenaje de recordación: Mario Rubén Marecos González, primer presidente del Colegio de Abogados del Alto Paraná.

Pedro Eladio y su esposa Ruth Roa Galarza(+)

Durante cuatro años estuve viajando constantemente entre Ciudad del Este y Asunción, con mi computadora a cuestas, porque en ese entonces mi herramienta de trabajo era una “Atari”, que tenía su CPU bajo el mismo teclado. No tenía disco duro y trabajaba con diskettes de 720 Mb. Desde 1988 fijé residencia permanente en Ciudad del Este, y me casé en segundas nupcias con Elcida Ruth Roa Galarza. Mi nueva familia se enriqueció con cuatro niñas y un varón. Ella culminó sus estudios de Derecho en la Universidad del Norte, y se incorporó al Estudio Jurídico que dirijo desde que me mudé a esta región. Mujer de convicciones fuertes, se propuso trabajar muy duro en su formación profesional, luchando luego para ingresar a la Magistratura Judicial, y después de participar en varios concursos, fue nombrada en carácter de integrante del Tribunal Electoral de esta ciudad, cargo que ejerció desde el 14 de octubre de 2019, fecha en que prestó juramento ante la Corte Suprema de Justicia, hasta el 16 de octubre de 2020, en que el Todopoderoso la llamó a su presencia. Nos proponíamos envejecer juntos y disfrutar de lo que nos resta de vida, pero ella fue vencida por la cruel pandemia que azota la humanidad. Es imposible describir la sensación de vacío que produce la ausencia y la terrible añoranza que se siente por la pérdida. Sólo quien la ha sufrido puede comprender. Hoy trato de afrontar la nueva situación con serenidad, acompañado en el hogar por Nathalia Carolina, Fernanda María, Aracelli María, Camila Belén y Pedro Fabrizio, quienes me ayudan a sobrellevar mi viudez con paciencia y resignación.

Tampoco quiero olvidar mi paso por la dirigencia deportiva, pues me tocó representar a mi querido Club Atlético Tembetary ante la entonces Liga Paraguaya de Fútbol, durante 17 años, 16 de los cuales formé parte de la Junta Directiva y de su Comisión de Asuntos Reglamentarios. Paralelamente, también me incorporé a la Comisión Jurídica de la Confederación Sudamericana de Fútbol, participando como uno de sus tres representantes ante el Congreso de la FIFA celebrado en Ciudad de México, en junio de 1986, en coincidencia con el Campeonato Mundial de ese año.

Otras actividades ocuparon también mi tiempo, como el Movimiento Scout, al que ingresé ya de adulto, asumiendo el grave compromiso de adiestrar para la vida a niños y jóvenes, como Jefe de una Tropa Scout, y luego como Jefe de Grupo, representando al escultismo paraguayo ante los organismos internacionales, en carácter de Comisionado Internacional de la Asociación de Scouts del Paraguay, por varios años. También me hice radioaficionado, actividad que es al mismo tiempo un hobby y un servicio. En todas ellas pude cosechar grandes amigos, a quienes aprecio sinceramente.

“Nuestro invitado, entre los integrantes de la primera cohorte de la carrera de Especialización en Derecho Procesa Civil, fotografiado en el hall principal de la mítica Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA)”

La docencia universitaria insume actualmente gran parte de mi tiempo. La Universidad Nacional del Este me confió la cátedra de Derecho Procesal Civil II, del quinto curso de la carrera de Derecho, la cual ejerzo desde hace 22 años. Y desde hace un par de años atrás, también la de Práctica Profesional Civil y Comercial III, del sexto. Legiones de estudiantes pasaron por esas aulas en todo este tiempo, y fueron mis discípulos los integrantes de la primera promoción de abogados de esa querida Casa de Estudios. Muchos de ellos son hoy día abogados exitosos y también docentes de la misma Universidad. Para no ir lejos, el actual Decano de la Facultad, Rafael Mancuello Egusquiza, es integrante de aquella primera promoción.

Y no puedo dejar de mencionar la actividad gremial, que abracé con mucha pasión. Estando en Asunción, fui socio del Colegio de Abogados del Paraguay, y ya en Ciudad del Este, contribuí a la fundación del Colegio de Abogados del Alto Paraná, en 1988, al influjo entusiasta del inolvidable profesor Óscar Paciello Candia, entonces presidente de aquella entidad, quien propugnaba la creación de una filial del Colegio de su presidencia, pero la asamblea constitutiva decidió que la nueva entidad fuera totalmente autónoma. En tres distintos periodos me cupo ejercer la presidencia del gremio, y actualmente soy miembro de la Comisión Directiva. Debo manifestar mi orgullo por pertenecer a esta organización profesional, que a través del tiempo ha sabido mantener una postura rectilínea, combativa y coherente, que no solo lucha contra la corrupción y los corruptos, señalando los males de nuestra administración de justicia, sino que propugna la superación constante de los abogados mediante su capacitación a través de cursos internacionales en convenio con universidades de gran prestigio, como la Universidad de Buenos Aires, y la Universitá di Bologna.

En 1996, siendo titular de la entidad, me correspondió presidir el Tercer Congreso Nacional de Abogados del Paraguay, honrado con la presencia del entonces Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Prof. Óscar Paciello, y del Presidente del Real Colegio de Abogados de Madrid, Dr. Luís Martí Mingarro, evento del que participaron también abogados argentinos y brasileños, en razón de que, paralelamente al Congreso, se realizó la reunión de las autoridades de COADEM (Colegios y Órdenes de Abogados del Mercosur), entidad que auxiliaba al Consejo del Mercado Común, en materia legal.    


  Pedro Eladio Pereira con miembros del CAAP, en una manifestación en la vía pública de CDE


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En fin, si debiera hacer un balance en este momento de mi vida, estoy convencido de que el saldo sería positivo; que el activo superaría ampliamente al pasivo. Tengo un enorme tesoro en mi familia, hijos de dos matrimonios y otros extramatrimoniales, a quienes amo entrañablemente. Tengo nietos y bisnietos que son mi alegría. Hermanos, tíos y sobrinos con quienes nos profesamos recíproco afecto. Tengo una fortuna incalculable en mis numerosos amigos, y si tuviera enemigos –que no conozco— probablemente sean los menos. En el ejercicio profesional traté de brindar mis servicios con lealtad y eficiencia a los clientes que me confiaron la atención de sus asuntos, y habrá más de uno que no se haya sentido satisfecho, pero creo honestamente que también serán los menos. Tuve grandes satisfacciones, así como grandes decepciones, pero si pudiera volver atrás en el tiempo, específicamente a 1963, y me dieran a elegir una carrera, respondería sin dudar: Derecho, una profesión noble y apasionante.

Agradecimiento muy especial al Prof. Abogado Pedro Eladio Pereira, por permitir a nuestra revista ingresar virtualmente a su hogar y a gran parte de su historia personal, para dar a conocer a nuestros lectores, las vivencias de un hombre sencillo que con su propio esfuerzo ha conquistado un espacio importante de la comunidad jurídica altoparanaense.

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